La oportunidad de Colombia de acelerar el crecimiento y desarrollo libres de deforestación
Florian Reber | Nov 5th 2018

Hace ya más de un año que el Gobierno de Colombia, en colaboración con socios internacionales y nacionales de los sectores público y privado, se unió a The Forest Alliance (TFA) 2020. Hoy, cuando South Pole se prepara para apoyar esta alianza en la implementación de enfoques jurisdiccionales para la producción sostenible de productos básicos, hacemos un recuento de la forma en que algunas iniciativas pueden contribuir con la eliminación de la deforestación en las cadenas de suministro.

“Si la biodiversidad de la Tierra fuera un país, podría llamarse Colombia”, escribió recientemente National Geographic[1]. De hecho, Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad, y alberga al 10 por ciento de la flora y fauna del mundo[2]. Un total de 59 parques nacionales, que cubren un área de más de 14 millones de hectáreas, ayudan a proteger y preservar esta riqueza nacional.[3]

La protección de sus activos naturales está intrínsecamente vinculada a los planes de  crecimiento inclusivo y de desarrollo sostenible y bajo en emisiones de carbono de Colombia, incluyendo la ambición de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en hasta un 30 por ciento para 2030.[4] El momento crucial del acuerdo de paz en 2016 coincidió con una coyuntura de renovación en la agenda climática mundial, lo cual impulsó el apoyo internacional y nacional para planear la agenda de crecimiento verde de Colombia.

Sin lugar a dudas, la agricultura y la silvicultura son algunos de los sectores fundamentales para alcanzar dichos objetivos. La agricultura, la silvicultura y otros usos del suelo son algunas de las principales causas de la deforestación, así como responsables del 58 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero de Colombia.[5] La agricultura proporciona empleo e ingresos a 4 millones de personas (16 por ciento de la fuerza laboral total de Colombia [6]) y representa un sector con gran potencial para avanzar en el desarrollo económico posterior al conflicto. Dentro del sector, algunos productos básicos son particularmente relevantes: el aceite de palma es uno de los productos agrícolas de más rápido crecimiento en Colombia, [7] y la mayor parte del crecimiento esperado ocurre en la vulnerable región de la Orinoquía. Igualmente, la ganadería, que cubre aproximadamente el 80 por ciento de las tierras agrícolas, ha sido uno de los principales motores de la deforestación y la degradación de la tierra. Podría decirse que transformar la forma en que se desarrollan estas actividades es fundamental para cumplir con los objetivos climáticos y de desarrollo de Colombia.

El caso de negocio es cada vez más claro. Un análisis reciente de la Comisión de Negocios para el Desarrollo Sostenible ha demostrado el potencial de negocios que tiene el uso sostenible del suelo y la agricultura. En el ámbito mundial, se estima que es una oportunidad de un billón de dólares.[8]  El aumento de la productividad por medio de la intensificación sostenible y la innovación tecnológica constituyen algunas de las mayores oportunidades en el sector agrícola, junto con la valoración de los servicios de los ecosistemas forestales y la restauración de tierras degradadas.[9] Las dos últimas apuntan al potencial del financiamiento del carbono para movilizar inversiones adicionales para alcanzar cadenas de suministro sin deforestación. En el caso de Colombia, se destacan tres oportunidades de financiamiento de carbono del sector privado. Se relacionan con el mercado interno de carbono, la regulación internacional y los incentivos de la cadena de suministro.

Regulación del mercado de carbono

En diciembre de 2016, el Gobierno de Colombia introdujo un impuesto al carbono sobre el uso de combustibles fósiles. Las entidades reguladas tienen derecho a compensar el 100% de su obligación tributaria haciendo uso de bonos de carbono. Desde el 1 de enero de 2018, solo las reducciones de emisiones generadas en Colombia son elegibles para el esquema, incluidas las que se derivan de las actividades de protección forestal y reforestación en la región de Orinoquia, la cual constituye una región clave para TFA 2020.

En South Pole, estimamos que para el año 2020 el sector del uso del suelo suministrará entre el 60 y 70 por ciento de los bonos bajo el esquema de carbono colombiano, lo cual equivaldría a entre unos 150 y 175 millones de dólares por año. Si bien no todos estos bonos tendrán un vínculo directo con las cadenas de suministro de productos básicos, podemos suponer que una parte significativa de los mismos estará vinculada a los paisajes de interés para TFA 2020.[10] A pesar de ser estimaciones iniciales, estas cifras apuntan al potencial del mercado nacional de carbono de financiar el desarrollo de programas de protección y restauración de bosques para la producción de productos básicos de deforestación cero.

Regulación internacional

El Artículo 6 del Acuerdo de París estipula que los gobiernos tienen derecho a transferir reducciones de emisiones a otros países para acceder a financiamiento climático adicional. Una fuente de financiamiento climático a gran escala podría ser el Esquema de Compensación y Reducción de Carbono de la Aviación Internacional (CORSIA), el cual requerirá, según estimaciones, más de 2 mil millones de toneladas bonos de carbono entre 2021 y 2035. Al participar en el esquema, los asesores climáticos estiman que el gobierno de Colombia podría acceder a más de 300 millones de dólares inversión adicional para REDD+[11].

Por supuesto, algunos asuntos clave para que esto se materialice, como la inscripción de Colombia a CORSIA, aún no se han decidido. Si Colombia se une y los bonos de proyectos de REDD+ son elegibles bajo CORSIA, se abrirán oportunidades adicionales para financiar programas a gran escala de protección forestal y reforestación en las regiones bajo la presión de la producción de productos básicos. Esto también ayudaría a combinar el financiamiento climático internacional con la inversión en agricultura con deforestación cero para aumentar los beneficios económicos de la protección forestal para las comunidades locales.

Incentivos para las cadenas de suministro

Un  creciente número de empresas de bienes de consumo combinan sus compromisos de cero deforestación con objetivos voluntarios de reducción de emisiones dentro de sus propias cadenas de suministro. Por ejemplo, como parte de su objetivo de equilibrar las emisiones de carbono para 2020, el gigante francés de cosméticos L’Oréal está financiando actividades de reforestación y restauración dentro de su cadena de suministro de aceite de palma en Indonesia. De manera similar, Nespresso está implementando programas agroforestales dentro de su cadena de suministro de café en Colombia. Estos programas de Insetting[12] de carbono aumentan la cantidad de financiamiento de la cadena de suministro y, por lo tanto, ayudan a acelerar la implementación de programas de deforestación cero. También contribuyen a la resiliencia de los ecosistemas, a la mejora de las relaciones entre proveedores y compradores y al aumento de los ingresos de los agricultores, y se pueden aplicar a nivel de paisaje, al aprovechar los compromisos alineados de múltiples compradores y productores. En South Pole, trabajamos con empresas para diseñar, estructurar e implementar dichos programas, tanto en la cadena de suministro como a nivel de paisaje.

Las partes interesadas de TFA 2020 en Colombia tienen una oportunidad única para aprovechar estas fuentes adicionales de financiamiento y combinar las finanzas del carbono con la inversión en productividad agrícola y la intensificación sostenible. Un ecosistema coordinado de incentivos de políticas públicas, compromisos en la cadena de suministro y fuentes emergentes de financiamiento del carbono abren posibilidades lucrativas para pactos innovadores de cero deforestación y financiamiento del carbono. La Alianza TFA 2020 Colombia proporciona una plataforma viable para experimentar con tales enfoques y replicar modelos de trabajo en todas las cadenas de suministro.

Esta pieza fue publicada originalmente en inglés, en el blog de TFA2020.


[1] National Geographic (2017), “This Country is a Haven for Biodiversity”, Chris Coast, 27 de septiembre de 2017.

[2] Idem.

[3] http://www.parquesnacionales.gov.co/portal/en/?mid=socm

[4] Además de las Contribuciones Nacionalmente Apropiadas (NDC) de Colombia ante la CMNUCC, otros planes y acuerdos de políticas firmados por el gobierno incluyen ot Visión Amazonía, la Declaración Conjunta de Intención sobre REDD+ y Desarrollo Sostenible entre Colombia, Noruega, Reino Unido y Alemania y la Declaración de Nueva York sobre los Bosques, entre otras.

[5] Números basados en las emisiones de GEI de 2010, de acuerdo a las INDC de Colombia presentadas a la CMNUCC en 2015, accesibles aquí.

[6] Banco Mundial. Datos de Empleo y Agricultura en 2017. https://data.worldbank.org/indicator/SL.AGR.EMPL.ZS?locations=CO

[7] En los últimos diez años, la producción de aceite de palma se ha duplicado en Colombia. Hoy en día, el país es el mayor productor de América Latina y el quinto más grande del mundo.

[8] Comisión de Negocios y Desarrollo Sostenible (2016) “Valuing the SDG Prize in Food and Agriculture: Unlocking Business Opportunities to Accelerate Sustainable and Inclusive Growth”, un documento de AlphaBeta encargado por la Comisión de Negocios y Desarrollo Sostenible

[9] Idem

[10] Un elemento para respaldar este supuesto es el hecho de que solo las actividades de REDD+ fuera del Amazonas serán elegibles bajo el impuesto, ya que el bioma del Amazonas está cubierto por el programa Visión Amazonía.

[11] Climate Advisers (2017), Linking the ICAO Global Market-Based Mechanism to REDD+ in Colombia, Policy Analysis, Agosto de 2017.

[12] Más información sobre insetting: https://www.southpole.com/en/sustainability-solutions/land-use-and-water

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